La solución al déficit alimentario pasa por la agricultura vertical

Agricultura vertical

 

El aumento de la población está generando una demanda sin precedentes sobre la agricultura y los recursos naturales. Aproximadamente mil millones de personas padecen malnutrición crónica, mientras que nuestros sistemas agrícolas se están degradando al mismo tiempo que la tierra y el agua. A medida que la escasez de agua va en aumento, la agricultura tradicional se hace cada vez más difícil. Todo esto unido a un mayor desarrollo tecnológico en materia agrícola están haciendo realidad espectaculares proyectos como las granjas verticales.

Gracias a la tecnología hemos pasado de un estancamiento en la agricultura a mediados del siglo XX, a una evolución creciente en estos primeros años del siglo XXI: agricultura de precisión, control remoto de explotaciones, automatización de procesos, drones, impresión 3D, …La demanda mundial exige cada vez métodos más eficientes que aumenten la producción y garanticen un desarrollo sostenible.

Las granjas verticales son un buen ejemplo de cómo la agricultura se ha convertido en un gran campo para innovar y emprender. La hidroponía es una forma de hacer agricultura sin usar suelo, con aire renovado, con luz artificial y suministrando los abonos adecuados en cada momento a los cultivos. No se trata de una idea nueva, ya existía en la época de los faraones, lo que pasa es que ahora se la ha añadido tecnología, eficiencia y productividad. Tampoco se limita a cambiar el ancho por el alto, la granja vertical también se basa en perfeccionar la producción de alimentos para cultivar más en menos espacio y de manera más rápida. Hoy en día, las tecnologías de cultivo hidropónico son muy precisas y permiten controlar las temperaturas del aire y de las raíces, así como el riego, la nutrición vegetal, la humedad, el dióxido de carbono, e incluso la intensidad de luz.

 

Para añadir mayor atractivo a la agricultura vertical se da la circunstancia de que existe la posibilidad de acabar con el riesgo de plagas y no hace falta hablar del riesgo de temporales o inundaciones. Al darse este tipo de cultivos en las ciudades y dado que para el 2050 se prevé que dos tercios de la población vivirá en grandes ciudades, es lógico pensar que los tiempos y costes de distribución se reducirán de forma significativa, lo cual repercutirá en el precio y la frescura del producto.

Sin embargo no es oro todo lo que reluce y la agricultura vertical tiene su cara oculta: la agricultura vertical a gran escala se está llevando a cabo en espacios cerrados, donde poder controlar de forma eficiente todos los agentes que intervienen en el proceso, por eso a falta de luz solar los cultivos deben disponer de luz artificial, lo cual les hace intensivos en el uso de energía. Así, cultivar un kilo de tomates requerirá un consumo de 1200 kWh de electricidad, lo equivalente al consumo anual de un frigorífico. Se puede decir que no es el tipo de cultivo ideal para aquellos que requieran mucho tiempo. Por otro lado hay que hablar del impacto social que podría suponer esta tecnificación, muchos puestos de trabajo podrían verse en peligro.

Lo que es indudable es que el aumento de la población, la desertificación, la escasez del agua, etc convierten a la agricultura vertical en una de las soluciones del futuro agrícola, lo que hay que hacer es convertirla en una opción realmente sostenible.

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