Innovación tecnológica y empleo

Hay un tema que empieza a estar presente en las agendas de algunos sociólogos, economistas, filósofos y gobiernos: ¿qué efecto tendrá en el empleo el creciente nivel de innovación tecnológica que vivimos y disfrutamos?.

Si echamos la vista atrás, consultamos fuentes solventes y escuchamos lo que nos cuentan nuestros ascendientes, entenderemos que la situación a la que nos enfrentamos en los albores de la cuarta revolución industrial no es la primera vez que se da. Ni mucho menos.

Sólo en los últimos 200 años, el equivalente a 6 o 7 generaciones, han tenido lugar importantes cambios sociales y económicos impulsados por las grandes innovaciones tecnológicas de cada momento: máquinas de vapor, ferrocarriles, telégrafo, teléfono (fijo y luego móvil), motores de gasolina, electricidad, fabricación en cadena, ordenadores, robots, Internet….. Cada incorporación de una nueva tecnología tuvo su correspondiente impacto en el empleo. Muchos más oficios de los que soy capaz de mencionar tuvieron su momento y luego desaparecieron (en muchos casos totalmente): herrero, tejedor, arriero, cochero, farolero, linotipista, técnico de máquinas de vapor, telegrafista, etc.

Por otro lado, todos conocemos numerosos oficios “modernos” que han surgido a partir de las mismas innovaciones que terminaron con las profesiones de la lista anterior. Desde mecánicos de automóviles hasta programadores.

En un hecho que en los sectores tradicionales la necesidad de mano de obra decrece progresivamente.  Mientras, los sectores emergentes son incansables creadores de empleo. En la Unión Europea se prevé que, entorno a  2020-25,habrá escasez de trabajadores disponibles en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (disciplinas conocidas como “STEM” por su acrónimo en inglés) que será provocada por un inoportuno descenso en las matriculaciones en estas ramas, combinado con un incremento en la oferta de empleo a corto plazo.

No hay certeza de que la creación de nuevos empleos inducida por la innovación y tecnificación vaya a equilibrar los puestos que desaparecerán. Lo que sí que existe es una oportunidad para quienes quieran y puedan aprovecharla: formarse y reciclarse profesionalmente para mantener/mejorar su empleabilidad; igual que los herreros se convirtieron en mecánicos o los tejedores en operadores de telares automatizados. Hoy en día el acceso a la formación es mucho más asequible y ubicuo que nunca antes.

Hay incógnitas, pero también una certeza: lo único seguro es el cambio. Llegará el día en el que el oficio de “técnico de robots” será también cosa del pasado; cuesta imaginarlo ¿verdad?

Emiliano Muñoz Vicente

Director de Proxima Systems

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